lunes, 10 de septiembre de 2007

Sarmiento traidor a la patria?


El día del Maestro conmemora la muerte del ex presidente de la República Argentina y militar ilustre, Don Faustino Sarmiento, quien impulsara, entre otras acciones de avanzada para la época, la educación gratuita, laica y obligatoria, primero como Gobernador de San Juan y luego como Presidente de la República.

Durante su presidencia, fundó mas de 800 escuelas, además del Liceo Naval y Militar, se tendieron 5.000 km de líneas telegráficas, modernizó el correo, se preocupó por la extensión de las líneas férreas, creo un novedoso sistema de tranvías impulsados por caballos y fundó diarios y períodicos.

Todas estas contribuciones llevan a concluir que Sarmiento fue un prócer dedicado a integrar y comunicar a la patria. La pregunta obvia es qué patria era la que Sarmiento quería y pretendía unir y comunicar???

"El mal que aqueja a la Nación es su extensión". La frase célebre correponde al mismísimo Sarmiento, quien durante toda su vida tuvo una postura muy firme con respecto a la Patagonia. En 1864, quien fuera luego presidente de la República y luego de retornar de su exilio en Chile, escribió en una carta al Dr. Ruffino, Ministro de Relaciones Exteriores "...Chile tiene hoy sobre el estrecho posesión real con la colonia que tiene establecida y debo decir a Ud. que yo, como escritor, forzé a la opinión y al gobierno en 1843, creo, a establecer alli una población a fin de sostener el comercio por el estrecho, facilitando el remolque. Mi opinión, en cuanto a la jursidicción se fundaba en que un territorio de incierto dominio debiera corresponder aquel de los colindantes para el cual fuese esencial su posesión sin dañar el interés igualmente esencial del otro..".

Por otro lado consideraba que: "..en cuanto a la Patagonia, Argentina en todo caso debe fijársele por límite al sur los manantiales de sus tributarios (del Río Negro se entiende) con las alturas que los dividen de otra hoya al sud.."

Deplorables pensamientos que demuestran que quien es considerado hasta hoy un genio, ha actuado en contra de los intereses de la Patria, a tal punto de incentivar a un país extanjero a poblar regiones tan importantes para el comercio, como lo es el estrecho de Magallanes, hoy bajo la soberanía chilena y que ha privado a la Argentina de un acceso al Pacífico. Por otro lado, ha propuesto un límite sur inexplicablemente al norte del Río Negro.

Porqué Sarmiento consideraba esencial la posesión de Chile del estrecho de Magallanes? Debemos pensar que Sarmiento tenía intereses creados para con el gobierno chileno? Podría ser dicha actitud un medio de compensar el asilo político recibido durante la gobernación de Rosas? Y si es así, con qué derecho impulsaba dicha compensación con territorio Nacional?

Por otro lado, y sin tener conocimiento alguno de las bondades de la Patagonia (lo que hubiera sido comprensible por el desconocimiento reinante en ese momento) y, mas grave aún, ningún interés en evaluar las posibilidades de un territorio inóspito, propone adjudicar a título gratuito tal preciada extensión de tierra a un vecino que tradicionalmente ha perjudicado la soberanía nacional, pretendiendo a lo largo de la historia extensiones del territorio patrio.

Solo las acciones de Nicolás Avellaneda, al término de la presidencia de Sarmiento, y otras figuras que han percibido correctamente la importancia de esta porción de envidiable territorio como Bernardo de Irigoyen y especialmente Julio Argentino Roca, han impedido que la Patagonia sea chilena o de alguna potencia extranjera sedienta de recursos naturales.

La historia ha dejado en ridículo a Sarmiento. Hoy aquella porción de tierra aparentemente inservible, que para él representaba un mal para la Nación es la fuente de no sólo una belleza que paraliza el alma, sino de fuentes de energía para la industria como el petróleo, el gas y la energía eólica e hidróeléctrica. Desarrollo invaluable de la energía atómica y de la ganadería así como fuente incuantificable de agua dulce. La Patagonia Argentina es un orgullo nacional, un orgullo que evidentemente no tenía por ella el Maestro de la Patria.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Argentinos racistas?


Muchas veces se ha hablado que el argentino es "agrandado", soberbio, engreído, egocéntrico, altanero y tantos otros adjetivos. ¿Es así? ¿Frente a quienes el argentino se siente de esa manera? Y la pregunta desencadenante...¿son los argentinos racistas y por tal condición, receptores de antipatías por parte de sus vecinos?

Son muchas las preguntas y todas ellas con trasfondo sociológico. Quizá parte de las respuestas radica en la composición étnica de los argentinos, de cómo se formó la ideosincracia argentina y las diferencias existentes con otras naciones.

Antes que nada, se deja en claro que este comentario no intenta ser de ninguna forma un atentado xenófobo hacia ningún tipo de etnia. Sólo se trata de explicar el origen de nuestra cultura, producto de la diversidad de influencias que la Argentina ha recibido de distintas naciones europeas en conjunción con el componente criollo autóctono propio y como esa mezcla influyó en la identidad de los argentinos, y por consiguientes la forma en que son vistos por otras naciones.

En el período colonial dos importante corrientes migratorias influyeron sobre la composición étnica, que hasta ese momento sólo se conformaba por aborígenes aymaras, diaguitas, sanavirones, comechingones, guaraníes, whichies , tobas, ranqueles, tehuelches y mapuches. Las corrientes inmigratorias producidas entre los siglos XVI y XVIII Y que formaron la base colonial del mestizaje, provino de España (andaluces, vascos y castellanos principalmente) y de África, o sea esclavos o sea inmigración forzada. La conjunción compleja entre estas distintas sangres, formó el temple del gaucho, representante por más representativo de nuestras pampas.
Ya entre los años 1850 y 1950, la Argentina recibió una gran inmigración mayoritariamente europea que impactó decisivamente sobre su composición étnica posterior. Básicamente se pueden distinguir dos grandes corrientes: la inmigración italiana (que representó el 45% de la totalidad de los inmigrantes) que se asentó en colonias rurales, principalmente en la región pampeana y grandes ciudades, y la española (33% del total) que se asentó también en las ciudades, principalmente en Buenos Aires.
Hubo también contribuciones significativas de franceses (3,6%), polacos (2,7%), rusos (2,7%), turcos (2,6%), alemanes (2,3%), judíos (1-2%), ucranianos (1%), británicos (1,1%), portugueses (1%), yugoslavos (0,7%), suizos (0,7%), griegos, irlandeses, galeses, holandeses (0,2%), belgas (0,4%), croatas, checos, daneses (0,3%), estadounidenses (0,2%) y suecos (0,1%). Hubo asimismo un grupo considerable de inmigrantes de países no-europeos, principalmente provenientes de Siria, el Líbano, Armenia y los países fronterizos.
Los inmigrantes significaron una explosión de la población de la Argentina. La misma era de 935.000 habitantes en 1850, mientras que entre 1857 y 1940 la Argentina recibió 6,6 millones de inmigrantes, de los cuales poco más de la mitad se radicó definitivamente. Las cifras indican el enorme peso que tuvieron los inmigrantes europeos en la formación de la Argentina moderna, a través de una transfusión poblacional que fue, en términos relativos, la más alta de todos los países del nuevo mundo, incluido Estados Unidos
La gran ola de la inmigración europea influyó decisivamente en la composición étnica diferenciándola notablemente de los demás países americanos, con excepción de Uruguay. Una reciente investigación genética (Avena,2006) estableció que la contribución europea a la mezcla genética argentina es del 79,9%. Se estima que 25 millones de argentinos tienen al menos un antepasado italiano, un 70% del total, siendo el grupo étnico más importante.

Sin perjuicio de esto, en la Argentina vive casi un millón de inmigrantes latinoamericanos, que integran una comunidad de más de cinco millones de descendientes, aproximadamente un 15% del total del país. La Argentina siempre ha incentivado la inmigración latinoamericana y nunca ha puesto reparos ni restricciones en este sentido.

La gran influencia europea hace que el argentino promedio sea caucásico, lo que ha producido la aparición de fenómenos de discriminación étnica y racial, sobre todo ante personas de países de la región que no han sufrido el fenómeno inmigratorio que tuvo el Rio de la Plata. La gran mezcla de razas y culturas han dado origen y forma a la identidad argentina, con matices propios bien definidos y bien diferenciados, que definieron el carácter, la ideosincracia, la forma de pensar, los gustos, el humor y todos los aspectos personales que definen un conjunto de personas de una Nación.

Esto es bien destacable entre los restantes países latinoamericanos, que siempre han visto al argentino como un descendiente de los invasores extranjeros y por lo tanto, de poco fiar. Esto se ha visto reforzado por la condición que la Argentina ha logrado al principio del Siglo XX como una de las potencias mundiales constituyéndose en el “Granero del Mundo”, principal proveedor europeo de bienes primarios, mientras los países de la región apenas podían considerarse independientes.

Este recelo perdura hasta nuestros días. Los argentinos no son queridos en la región. No considero que el argentino sea racista. Simplemente se sienten distintos, capaces y principalmente originales, tan originales como lo es la compleja composición genética que aún hoy evoluciona y mantiene arraigado el sentimiento de ser simplemente únicos.