jueves, 6 de septiembre de 2007

Argentinos racistas?


Muchas veces se ha hablado que el argentino es "agrandado", soberbio, engreído, egocéntrico, altanero y tantos otros adjetivos. ¿Es así? ¿Frente a quienes el argentino se siente de esa manera? Y la pregunta desencadenante...¿son los argentinos racistas y por tal condición, receptores de antipatías por parte de sus vecinos?

Son muchas las preguntas y todas ellas con trasfondo sociológico. Quizá parte de las respuestas radica en la composición étnica de los argentinos, de cómo se formó la ideosincracia argentina y las diferencias existentes con otras naciones.

Antes que nada, se deja en claro que este comentario no intenta ser de ninguna forma un atentado xenófobo hacia ningún tipo de etnia. Sólo se trata de explicar el origen de nuestra cultura, producto de la diversidad de influencias que la Argentina ha recibido de distintas naciones europeas en conjunción con el componente criollo autóctono propio y como esa mezcla influyó en la identidad de los argentinos, y por consiguientes la forma en que son vistos por otras naciones.

En el período colonial dos importante corrientes migratorias influyeron sobre la composición étnica, que hasta ese momento sólo se conformaba por aborígenes aymaras, diaguitas, sanavirones, comechingones, guaraníes, whichies , tobas, ranqueles, tehuelches y mapuches. Las corrientes inmigratorias producidas entre los siglos XVI y XVIII Y que formaron la base colonial del mestizaje, provino de España (andaluces, vascos y castellanos principalmente) y de África, o sea esclavos o sea inmigración forzada. La conjunción compleja entre estas distintas sangres, formó el temple del gaucho, representante por más representativo de nuestras pampas.
Ya entre los años 1850 y 1950, la Argentina recibió una gran inmigración mayoritariamente europea que impactó decisivamente sobre su composición étnica posterior. Básicamente se pueden distinguir dos grandes corrientes: la inmigración italiana (que representó el 45% de la totalidad de los inmigrantes) que se asentó en colonias rurales, principalmente en la región pampeana y grandes ciudades, y la española (33% del total) que se asentó también en las ciudades, principalmente en Buenos Aires.
Hubo también contribuciones significativas de franceses (3,6%), polacos (2,7%), rusos (2,7%), turcos (2,6%), alemanes (2,3%), judíos (1-2%), ucranianos (1%), británicos (1,1%), portugueses (1%), yugoslavos (0,7%), suizos (0,7%), griegos, irlandeses, galeses, holandeses (0,2%), belgas (0,4%), croatas, checos, daneses (0,3%), estadounidenses (0,2%) y suecos (0,1%). Hubo asimismo un grupo considerable de inmigrantes de países no-europeos, principalmente provenientes de Siria, el Líbano, Armenia y los países fronterizos.
Los inmigrantes significaron una explosión de la población de la Argentina. La misma era de 935.000 habitantes en 1850, mientras que entre 1857 y 1940 la Argentina recibió 6,6 millones de inmigrantes, de los cuales poco más de la mitad se radicó definitivamente. Las cifras indican el enorme peso que tuvieron los inmigrantes europeos en la formación de la Argentina moderna, a través de una transfusión poblacional que fue, en términos relativos, la más alta de todos los países del nuevo mundo, incluido Estados Unidos
La gran ola de la inmigración europea influyó decisivamente en la composición étnica diferenciándola notablemente de los demás países americanos, con excepción de Uruguay. Una reciente investigación genética (Avena,2006) estableció que la contribución europea a la mezcla genética argentina es del 79,9%. Se estima que 25 millones de argentinos tienen al menos un antepasado italiano, un 70% del total, siendo el grupo étnico más importante.

Sin perjuicio de esto, en la Argentina vive casi un millón de inmigrantes latinoamericanos, que integran una comunidad de más de cinco millones de descendientes, aproximadamente un 15% del total del país. La Argentina siempre ha incentivado la inmigración latinoamericana y nunca ha puesto reparos ni restricciones en este sentido.

La gran influencia europea hace que el argentino promedio sea caucásico, lo que ha producido la aparición de fenómenos de discriminación étnica y racial, sobre todo ante personas de países de la región que no han sufrido el fenómeno inmigratorio que tuvo el Rio de la Plata. La gran mezcla de razas y culturas han dado origen y forma a la identidad argentina, con matices propios bien definidos y bien diferenciados, que definieron el carácter, la ideosincracia, la forma de pensar, los gustos, el humor y todos los aspectos personales que definen un conjunto de personas de una Nación.

Esto es bien destacable entre los restantes países latinoamericanos, que siempre han visto al argentino como un descendiente de los invasores extranjeros y por lo tanto, de poco fiar. Esto se ha visto reforzado por la condición que la Argentina ha logrado al principio del Siglo XX como una de las potencias mundiales constituyéndose en el “Granero del Mundo”, principal proveedor europeo de bienes primarios, mientras los países de la región apenas podían considerarse independientes.

Este recelo perdura hasta nuestros días. Los argentinos no son queridos en la región. No considero que el argentino sea racista. Simplemente se sienten distintos, capaces y principalmente originales, tan originales como lo es la compleja composición genética que aún hoy evoluciona y mantiene arraigado el sentimiento de ser simplemente únicos.

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