
Chile es el líder en una carrera que resulta preocupante. Los altos niveles de inversión en material bélico con la absurda premisa que se trata únicamente de reemplazo de material obsoleto no hace mas que sembrar dudas y tensión, mas aún en épocas en donde existen aspectos limítrofes sin resolución definitiva no sólo con Argentina en lo que respecta a los Campos Hielos del Sur, sino con Perú y Boliva en lo referente a soberanía marítima.
Las decisiones de adquirir material militar de última generación y desconocidas para la zona en forma reiterada y desproporcionada para su realidad (Chile es uno de los países con mayor desigualdad social de Latinoamérica) no representa mas que una real provocación y desafío a los países que tiene por vecino. Chile es uno de los países que mas gasta en armamento del mundo y el líder de la región, seguido de Venezuela. Los recursos provenientes del cobre hacen que el flujo de efectivo sea creciente con los precios internacionales de dicho material.
Mas preocupante resulta saber que las cifras que surgen de las exportaciones del cobre no son controladas por el Parlamento y no están expuestas en cuentas públicas, lo que hace al presupuesto militar muy poco transparente. Esta situacion deriva en un desequilibrio altamento riesgoso.
La modernización de la fuerza aérea, ejército y fuerza naval a pasos agigantados (en seis años se estima alcanzar los niveles de la OTAN) se contrapone con el escaso presupuesto asignado por la Argentina que actualmente ronda el 0,8% del PBI. En Argentina solo se ha invertido principalmente en la compra de radares, de uso básicamente civil, mientras Chile en submarinos Scorpene, aviones F-16, tanques Leopard 2 y fragatas misilísticas tipo M.
Las decisiones de adquirir material militar de última generación y desconocidas para la zona en forma reiterada y desproporcionada para su realidad (Chile es uno de los países con mayor desigualdad social de Latinoamérica) no representa mas que una real provocación y desafío a los países que tiene por vecino. Chile es uno de los países que mas gasta en armamento del mundo y el líder de la región, seguido de Venezuela. Los recursos provenientes del cobre hacen que el flujo de efectivo sea creciente con los precios internacionales de dicho material.
Mas preocupante resulta saber que las cifras que surgen de las exportaciones del cobre no son controladas por el Parlamento y no están expuestas en cuentas públicas, lo que hace al presupuesto militar muy poco transparente. Esta situacion deriva en un desequilibrio altamento riesgoso.
La modernización de la fuerza aérea, ejército y fuerza naval a pasos agigantados (en seis años se estima alcanzar los niveles de la OTAN) se contrapone con el escaso presupuesto asignado por la Argentina que actualmente ronda el 0,8% del PBI. En Argentina solo se ha invertido principalmente en la compra de radares, de uso básicamente civil, mientras Chile en submarinos Scorpene, aviones F-16, tanques Leopard 2 y fragatas misilísticas tipo M.
Esta conducta armamentista no se condice con la historia militar de Chile, que desde la guerra con la alianza peruano-boliviana no ha participado en conflictos armados. Sus fuerzas armadas no intervienen en una guerra desde el siglo XIX y por lo tanto, su fuerza aérea aún no tuvo su bautismo de fuego. Incluso con pérdidas de territorio significativas (Patagonia oriental 1881 - cuando se formalizó la soberanía argentina, la Puna de Atacama y Lago del Desierto - con conflictos entre gendarmería y carabineros que terminaron con la muerte del Teniente chileno Merino) Chile no ha mostrado voluntad de ir a las armas. Entonces, ¿porque en comienzos del siglo XXI, cuando se suponer que la sociedad y los años de democracia han evolucionado, Chile se inicia en una carrera armamentistica como nunca realizó en su historia?
Esta situación debe preocupar, no sólo a la Argentina y demás países, sino a los propios chilenos que ven como partidas presupuestarias son despilfarradas año a año mientras que la realidad social involuciona en detrimiento de la población. La ley de asiganción de recursos del cobre debería ser derogada ya que responde a una época donde los conflictos eran posibles y probables (allá por el año 1930) y evidentemente ha quedado fuera del contexto regional actual para regocijo de los militares que pueden lucirse con sus nuevos y modernos juguetes y de esta forma, alimentar su propio ego. Si no es derogada, debemos presuponer que Chile intentará en algún momento utilizarlas contra sus vecinos y eso implicará inexorablemente invadir territorios foráneos.
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